Hay dolores tan grandes que no entiendo como pueden caber en mi ser. Dolores irreconocibles a la vista del ser humano. Dolores que se esconden detrás de sonrisas y carcajadas de lo más impostadas. Dolores que nunca cesan que siempre van a tener la misma intensidad, aunque a lo mejor con suerte algún día podremos olvidarnos por algunos segundos de ellos. Pero siempre siempre estarán ahí dentro de nuestros cuerpos; se instalan en la garganta, en el pecho, en la panza, en la cabeza; y nunca se es capaz de detectar de ante mano. A veces ni la lluvia es capaz de terminar con tanto dolor.
MaR
sábado, 14 de mayo de 2011
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